forte

lunes, 29 de mayo de 2017

Veintinueve de mayo

Ella nunca decía cuando iba a volver. El no sabia a que hora preparar el corazon.: Por si mañana no

Por si mañana me olvido de tus besos, porque nos quedamos tan lejos que nunca más volvemos a tocarnos

Por si mañana los miedos ya no se esconden, y en lugar de eso se dedican a recordarme que nunca fuimos el uno para el otro

Por si mañana dejamos de ser nosotros y volvemos al tú y yo, destinado a terminar conmigo

Por si mañana no queremos querernos, déjame quererte mucho hoy

Por si mañana ya no, ya nunca; seamos ahora y siempre

miércoles, 1 de marzo de 2017

Uno de marzo

Todo es sobre el futuro.
Estudiamos para tener un buen trabajo. Trabajamos para conseguir millones de cosas con las que soñamos desde que éramos críos. Cosas que creíamos que nos harían felices. Es por eso que nuestra vida se ve enfocada en la búsqueda de la falsa e idealizada estabilidad. Social, emocional, familiar, económica... Y aparcamos en ese camino muchas otras cosas que no forman parte de nuestros planes.
Posponemos todo aquello que nos parece irrelevante ante un futuro aparentemente perfecto; como el cambio de aires que te apetece, o el llevar sombrero simplemente porque te gusta aunque siempre te pareció algo ridículo admitirlo en voz alta. 


Resultado de imagen de happinessPensamos siempre en el "ya habrá tiempo para hacerlo", cuando realmente lo que posponemos es el quiénes somos y hacia dónde estamos yendo.
Nos da miedo torcer las cosas y que todo deje de ser como debería. Porque nos da miedo tener una vida más allá de los invisibles trazos marcados para nosotros, aunque sea la vida que realmente queremos vivir. Posiblemente todos hemos barajado alguna vez la posibilidad de abandonarlo todo e ir en busca de la aventura que nos salve de nuestras aburridas obligaciones. 
Y quizá no fuese tan mala idea.
Ser alguien en la vida va más allá de convertirte en lo que los demás esperan. Ser alguien en la vida, es no dejar que nadie te diga nunca quién eres. 
Porque como dijo Charles Chaplin... 
“se tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, se tú.”


lunes, 2 de enero de 2017

Dos de enero

Si excluimos a los afortunados o desafortunados, - de estos últimos conozco bastantes casos-, que tienen pareja a los veinte años, se supone que esta década a la que pertenecemos es la encargada de abrirnos las puertas a nuestras futuras relaciones. 




Ya no sé si existo física o emocionalmente, quizá tengo ganas de salir corriendo, quizá de encontrarte un corazón o más bien regalarte el mío.Se supone por consecuente, que con veinte años debes experimentar, conocer, y aprender mucho sobre todo lo referente a los amoríos que tan acostumbrados estamos a ver en las comedias románticas. Pero hay algo que siempre escapa a nuestro "infinito conocimiento amoroso." El miedo.

Cuando alguien pasa de ser una primera cita a llamarte por aquellos apelativos cariñosos dignos de un bofetón por todos aquellos que no formamos parte de lo que pasaremos a llamar "relación"; solo entonces parece ser que comenzamos a respirar tranquilos.

Después de mucho observar y de vivir alguno de estos casos en mis propias carnes, creo que puedo afirmar que existe un antes y un después después de la famosa estabilidad. El caos al que pertenecen los líos de una noche, semana o mes, nos excitan pero nos asustan y terminan por cansar a nuestro insaciable, exigente y sensible estado emocional. Es por eso que el irnos a dormir -hecho que se relaciona rápidamente con la correspondiente despedida de nuestra persona especial- nos aterra en ocasiones.
Porque la incertidumbre de no saber si mañana esa persona seguirá ahí a nuestra entera disposición física pero sobre todo emocionalmente, nos perturba y nos descoloca. En esta estúpida pero a veces tan acertada razón reside una de los motivos principales por la cual algunos todavía temblamos cuando se va acercando la hora de soltar nuestros smartphones.
Nos hemos convertido en esclavos de este maldito invento tecnológico que por muchos mensajes de falso amor en situación de embriaguez ajena que nos haya regalado, en ocasiones pasa a formar parte de la lista de auténticos enemigos personales. Pero sobre todo es el miedo quien nos hizo en primer lugar prisioneros.
Y a pesar de encontrarme en este profuso grupo de gente, a la que en momentos de profunda indignación conmigo misma paso a llamar cobarde... Animo a todos los que conmigo pertenezcan a esta masa a salir de ella.
A cumplir el objetivo de nuestros tan ansiados veinte años: experimentar, conocer y aprender mucho, muchísimo. Y dejar a un lado ese miedo que a veces parece dejarnos exhaustos, para dar paso a la valentía que se necesita para crecer cada día.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz final de año

Este año no quiero hacer balance. No quiero recordar las cosas que hice mal para no volver a repetirlas en un futuro como suele decirse. Me duele. Y aunque la gente se empeñe en decir que "de los errores se aprende", no me apetece emplear las últimas 24 horas de mi 2016 en recordarme a mí misma la de veces que me quemé con el horno; cuántas veces debí darle la razón a alguien que simplemente me aconsejaba o en su defecto: el mal ojo que tuve de nuevo con todos los individuos del sexo opuesto por los que juré que esta vez me enamoraba de verdad. No, no, no y mil veces no. No quiero esclavizarme de mi propia pena para volver a tener que auto-compadecerme minutos después.

Es por eso, que en su lugar enumeraré algunas de las cosas que me hicieron felices estos 11 meses y 30 días anteriores. Creo que es mucho más sano y estimulante para la entrada de año. Así que ahí van algunos momentos.

1. El primer contacto real y programado con niños dentro de la Universidad.

2. Aquella noche que cené en casa de mi prima con mis padres.

3. La cena con mis amigas en aquel bar de las Setas donde nos cobraron media ración como una tapa y nos callamos. (Sí, somos unas anti-sistemas y unas vándalas poco honradas.)

4. Cuando enfermé en Santiago de Compostela y aquella enfermera fue tan amable conmigo. Al igual que la farmacéutica. (Y Cristina.)

5. Ver la sonrisa nueva de mi madre.

6. Las confesiones en un parque con una fanta y un aquarius acompañado de risketos y gusanitos con mi amiga Maggie.

7. Cada uno de los abrazos de mi mejor amigo.

8. Volver a ver a Lulú, a Miguel y a la gordi y conocer a Leti.

9. Pasar mucho tiempo con mi bugui.

10. Beber manzanilla con mi amigo Javi.

11. Las barbacoas en el campo de Marta.

12. CONIL.

13. ROMA.

14. La única locura que he hecho por amor.

15. Hacer la tortilla de patatas más rica de mis tres años como estudiante independizada.

16. Volver a vivir con Claudia y Mónica. Y casi vivir con MªÁngeles.

17. Las Kardashian después de almorzar.

18. Ir al cine y emocionarme.

19. Comer buñuelos por el centro con mis padres.

20. Las noches de bolos con mis amigas.



jueves, 3 de noviembre de 2016

Noviembre dulce


No se si todo el amor comenzó siendo amor en un principio. Hay quien dice que cuando te llega, lo notas. Y que cuando conoces a la persona perfecta, no te importa todo lo que venga después porque sabes que será con él o con ella y te da igual. Te da igual si las cosas irán mejor o peor, porque sabes que esa persona especial entrará dentro de tus planes y entonces ya nada podrá parecerte suficientemente malo como para eludir quién te acompaña.
No se si todo esto es verdad o simple palabrería de historia romántica. 
Porque a decir verdad no se mucho sobre amor. 
A veces pregunto, y a veces improviso sobre la marcha. 
Porque es así como creo que debería ser el amor. 
Valiente, poco perezoso, despreocupado, carente de "qué dirán", sencillo, divertido. 
Es así como yo veo el amor. 

Deberías ser valiente para confiar y no tener miedo de que te dañen.
Deberías no dejar para mañana los besos que puedes dar hoy.
Deberías no preocuparte tanto por cosas absurdas y dar más valor a los detalles que de verdad importan.
Deberías apartar a un lado todo lo que los demás piensen.
Debería ser sencillo. Deberías divertirte, porque ante todo, deberías ser feliz.



miércoles, 24 de agosto de 2016

No me pidas que me quede

No me pidas que me quede. 
No me agarres del brazo a mitad de camino.
No me ruegues que deshaga una maleta que tú mismo me impulsaste a llenar de "lo sientos" y algún que otro trapo viejo.
No hagas que me de la vuelta y mire atrás cuando ya no haya nuevo que ver entre nosotros.
No me pidas que me quede cuando ya no quieres que me quede, solo porque necesites que lo haga.
Deja que me vaya cuando te fallen las ganas de que esté. Cuando no nos sonriamos al tropezar, cuando no nos besemos al despertar. Cuando un nuevo hallazgo se convierta en un minuto de silencio en vez de en unas cuatro horas de conversación y debate. Cuando odies mis manías. Cuando te aburra. 
Deja que me marche y que vuelva a ser yo misma. Que me equivoque, que aprenda, que me emocione y que me enamore otra vez. Para que posteriormente, si así sucede, sufra de nuevo.
Quiéreme lo suficiente para darte cuenta de que ya no me amas y déjame ir.
No me susurres "un tiempo" entre sollozos ni me engañes en tu fría indiferencia.
Deja que vuele alto. Que me aleje de ti. Que te olvide si es necesario.

No me pidas que me quede. Porque si tienes que pedírmelo, será que no quedan motivos suficientes para hacerlo.

jueves, 9 de junio de 2016

Felicidad se escribe con i latina

Nos pasamos la vida esperando
Esperando el amor verdadero, esperando la suerte, esperando el trabajo de nuestros sueños, esperando la familia con la que todos sueñan, esperando la casa en la playa y el piso en el centro, esperando todo lo que creemos merecer sin darnos cuenta de que no hacemos nada por conseguirlo 
Esto es como todo.
Cuando tu madre te ofrece carne, a ti te apetece pescado. En invierno no hacemos más que pedir con ansia la llegada del verano. Cuando tenemos pareja extrañamos la soledad de nuestra soltería.
Inconformistas dicen algunos, yo digo bobos
Sí, bobos.

Somos incapaces de disfrutar de lo que tenemos pensando siempre en lo que no tenemos.
  Y eso no es de ser inconformista, es de ser un bobo
De no saborear la vida tal y como se presenta
de engañarnos a nosotros mismos diciendo que lo mejor siempre está por llegar

¡Claro! Porque puede que mañana te cruces con el amor de tu vida mientras estás canjeando un cupón premiado, pero ¿y si no?
Planteate la vida de esta manera:

No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante. Y cada vez que la vida te da un golpe y te tumba, solo te está preparando para volver a levantarte. 
La casa en la playa, la familia modelo y el trabajo millonario están bien, pero disfruta del aquí y del ahora, de lo que la vida te esté regalando en este moemnto, vive todas las sensaciones y no tengas miedo a nada, y menos a sentir -sea lo que sea-

y sobre todo ríete aunque estés solo si algo te hace gracia, porque es mejor parecer un loco feliz, que un cuerdo sin esperanza.