Russel decía que quién teme al amor teme a la vida y que los que temen a la vida ya están medio muertos..
Pero cómo no tener miedo al amor, cómo no acojonarnos solo de oír ese verbo, ese puñetero verbo que tantas idas de cabeza, dolores de estómago y corazones rotos nos ha causado... ese maldito verbo pronominal que hace que la mayoría de nosotros nos pongamos a recordar historias que echamos de menos, que nos hacen falta y ya no están... ese verbo que nos hace darnos cuenta de todo el daño que nos han causado los demás a nuestro amor propio, ese verbo: enamorarse.
No es por llevarle la contraria, señor Russel, pero está usted completamente equivocado. Quizá no se haya enamorado nunca pero el amor, es temor. Temor al apostar, temor a perder en esa apuesta, a sufrir, a llorar, a que nos olviden, a olvidar... a desenamorarnos en el momento equivocado y a volvernos a enamorar en un peor momento todavía.
Eso, ESO es el amor. Porque al fin y al cabo el primer beso es mágico, el segundo íntimo, el tercero rutina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario