Me destruiste sin saber si quiera que de tus ojos yo me creaba poco a poco, día a día. Y ahora estoy aquí, con el álbum de fotos entre las piernas mientras me esfuerzo por no mojar lo que ahora solo son recuerdos entre lágrimas. Viendo como el tiempo pasa y tú te vas con él, dejándome atrás, olvidándome lentamente, aunque para mí siempre fuiste demasiado deprisa...
En días como este te echo tanto de menos, añoro tus manos apartándome el pelo de la cara, o esa forma en la que sonreías mientras te deslizabas por mis labios. Echo de menos preguntarte por qué me miras, o sonrojarme al ver tus ojos clavados en mis labios fijamente. O simplemente el sabor de tus besos.
Odio que de repente me asalte tu perfume y vuelva a sentir cómo me agarras por la cintura con esa seguridad de la que parecía imposible dudar, la carita de tonto que ponías al tirarte en el sofá y esperar que me acercara e incluso cómo te gustaba enfadarme y arreglarlo todo poniéndome ojitos.
A veces, cuando te recuerdo, me paro y pienso que quizá no esté hecha para esto del amor, o el amor no esté hecho para mí. Porque todo lo que me da vida en algún momento se esfuma, y las mayores alegrías son las más efímeras y eso me cansa.
Me venzo ante ti, gran sentimiento allá dónde los haya... por qué yo, indefensa de mí, me quedo en el camino de encontrarte, perdida en algún bar dónde algún borracho intente convencerme de que existen los flechazos y que los amores de una noche siempre acaban bien. No me busques por ahora, y cuando te dispongas a hacerlo, ENCUÉNTRAME.
No hay comentarios:
Publicar un comentario